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Sin duda alguna, el Coronavirus es una enfermedad que afecta no sólo el cuerpo de quien la padece. Debido a su aparición, estamos viviendo situaciones complejas, que nos han llevado a permanecer en aislamiento, cambiando la vida en general. Hoy hablamos de teletrabajo, telemedicina y hasta telestudio, cambiando el contacto físico por una pantalla de computador o de celular.


Ahora los domicilios no son solo de comida preparada, mercamos a distancia, las empresas se han reinventado para no ir a la quiebra, hemos aprendido a hacer cosas que antes ni pensábamos que fueran posibles, y aunque para unos ha sido más fácil que para otros, hemos logrado adaptarnos.


Estar en casa implica hacer muchas labores al mismo tiempo, debemos conectarnos con el trabajo, hacer las labores del hogar, cocinar, acompañar a los niños a hacer las tareas y sacar tiempo para disfrutar. En muchas ocasiones nos sentimos agobiados con tantas cosas, sentimos que el tiempo no alcanza y al final del día estamos más cansados que de costumbre. A todo esto hay que sumarle que a los niños les dejaron varios talleres que hay que realizar, fuera de videos y trabajos manuales que requieren dedicación y tiempo, del cual cada vez disponemos menos. Con las pocas energías que quedan, comienza una batalla para hacer la tarea que se va en gritos y llanto.


Para los niños, al igual que para nosotros, toda esta situación genera una gran carga de estrés, y si como adultos nos cuesta manejarla, para ellos es aún más difícil de enfrentar. Como padres es momento de pensar en la salud mental de los más pequeños, aprender a sumar, restar, multiplicar o dividir, será importante en otro momento. Hoy nuestros hijos deben aprender a manejar las emociones, a estar tranquilos a pesar de las circunstancias, a enfrentar los problemas que esta situación nos ha traído a todos. Esto no significa que deberían dejar de estudiar, solo quiere decir que pueden hacerlo a su ritmo, sin la presión de entregar los talleres terminados lo antes posible.


Este confinamiento dejará una marca imborrable en nosotros, nos llevará a ver las cosas de una manera diferente, a ser personas diferentes y ojalá a ser unos padres diferentes. Hoy debemos acompañar a los niños con risas, canciones, juegos y abrazos, ya que esos nutren el alma y el corazón. Evitemos los regaños, el llanto, las pelas y los enojos, que no llevan a ninguna parte. No pasa nada si tu hijo hoy no aprende a sumar, pero aprende a reír, mañana esa risa le permitirá no sólo sumar, sino también restar, multiplicar y dividir. Esta situación ya es difícil por sí sola, no es necesario hacerla peor.


Ilustración: FREEPIK