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El estrés es la respuesta natural del cuerpo ante las situaciones que generan frustración, rabia o nervios y hace parte de nuestra vida, a veces, más de lo que quisiéramos. Por si solo, el estrés no es malo, pero cuando sus niveles son elevados, comienza a generar problemas a nivel físico y emocional en nosotros.


Hay dos hormonas que están relacionadas con el estrés y el cuerpo las produce como una señal de alarma para que podamos reaccionar ante la situación que estamos enfrentando. La adrenalina aumenta la frecuencia cardíaca, eleva la presión arterial y aumenta los suministros de energía. Mientras que el cortisol, aumenta la glucosa en el torrente sanguíneo, enviando más energía a los músculos, también aumenta la disponibilidad de sustancias que reparan los tejidos, además limita las funciones no esenciales en una situación de lucha o huida, suprime el sistema digestivo y los procesos de crecimiento, controla el estado de ánimo, la motivación y el miedo.


La presencia de estas dos hormonas en el cuerpo es natural, y necesaria. La adrenalina tiene un tiempo de duración en el cuerpo de 2 minutos en situaciones normales. El cortisol por el contrario es producido en niveles altos al despertar en las mañanas, reduciéndose durante el día hasta llegar a su nivel más bajo durante la noche. Cuando estamos bajo situaciones estresantes, estas hormonas se generan al tiempo, provocando agotamiento físico, falta de sentido del humor, irritabilidad, dolores de cabeza, problemas para adaptarse e interrelacionarse con el medio, calambres musculares, falta de apetito, problemas digestivos, irregularidad en el ciclo menstrual, disminución en el deseo sexual, entre otros.


La buena noticia es que podemos aprender a manejar el estrés en nuestras vidas y para ello, lo primero que debemos hacer es aceptar y reconocer aquellas situaciones que más estrés nos generan. Algunas de las principales causas que lo desencadenan son los problemas económicos, el exceso de trabajo, la pérdida de un ser querido, el rechazo, los problemas familiares o de pareja, la falta de tiempo libre, la desorganización del día a día o una enfermedad.


Comprender que no tenemos el control sobre estas situaciones es difícil de aceptar, pero detrás de ese control tenemos miedo al abandono y a la pérdida de contacto con la realidad. Hacemos un gran esfuerzo por mantenerlo todo en su sitio, pero la realidad es diferente, ya que el único control que tenemos es sobre nosotros mismos.


Poner límites también nos permite manejar el estrés, pues nos ayudan a conocernos a nosotros mismos y nuestras necesidades, permite que nos respetemos, y en la medida que esto ocurra, los otros también nos respetarán. Aumenta la autoestima al ponernos como prioridad y no sentir culpa.


Sacar tiempo para el descanso es muy importante, estamos en una sociedad que no ha enseñado desde pequeños el valor de ?trabajar, trabajar y trabajar?, pero cuando el cerebro está saturado, no tiene la capacidad de tomar buenas decisiones y se vuelve mucho más lento.


En definitiva, para lograr manejar de manera adecuada el estrés es fundamental pensar en nosotros mismos, incluso antes que en los demás. Esto no es ?egoísmo?, por el contrario es amor propio, ya que si nosotros estamos bien, tendremos más herramientas para poder ayudar a nuestros seres queridos.